En el siglo XIX, Engel enunció que “cuanto más pobre es un individuo, una familia o un pueblo, mayor ha de ser el porcentaje de su renta necesario para el mantenimiento de su subsistencia física y, a su vez, mayor será el porcentaje que debe dedicarse a la alimentación”.

La ley de Engel indica que a medida que la renta va aumentando, los gastos que se dedican al consumo de artículos aumentan también, pero en distinta proporción: en los artículos de primera necesidad los gastos son decrecientes, mientras que en los bienes de lujo relativo y de lujo propiamente dicho los gastos son crecientes (Castañeda, 1991).

La ley de Engel es generalizable al conjunto de las familias de un país, por lo que tanto el gasto de sus ciudadanos como el tipo de productos que ellos demandan tienden a guardar relación directa con el nivel medio de ingreso y con las variaciones que este va experimentando a lo largo del tiempo (Cuadrado, 1994).

El profesor Martín Cerdeño explica que “las principales consecuencias de todo lo anterior son, que el gasto de determinados productos de carácter primario disminuirá relativamente a medida que el país logre alcanzar mayores niveles de desarrollo. Por otra parte, la demanda de bienes con los que satisfacer necesidades tenderá a diversificarse, dirigiéndose cada vez más a productos que eran considerados antes como inalcanzables. Los productos de alimentación quedan relegados, según la Ley de Engel, por su carácter primario a un segundo plano cuando se producen incrementos de renta. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el mercado alimentario ha experimentado la segunda vertiente del efecto enunciado por Engel, dado que cada vez más porcentaje del consumo alimentario se realiza a través del canal de hostelería y restauración. Esto quiere decir que la proporción del consumo en los hogares se ha venido compensando con una mayor participación del consumo de alimentos fuera de casa” (Martín, 2004).

Esta interesante reflexión refuerza el crecimiento experimentado por el canal foodservice en los últimos veinte años en España. Aunque este canal tiene un prometedor desarrollo a largo plazo (en Estados Unidos el 50% del consumo alimentario se hace fuera de casa)  nos encontramos  actualmente con una retracción del consumo en hostelería y restauración con motivo de la crisis ecónomica.

Analizando las series históricas del Panel de Consumo Alimentario del MARM, la hostelería y restauración ha pasado de representar  hace 3 años casi el 24% del volumen de las compras del total de la alimentación al 19,5%. Es interesante buscar esta explicación en la Ley de Engel. La renta disponible del consumidor español ha disminuido y ha dejado de gastar en el foodservice y ha vuelto a consumir en casa o a comprar en los canales convencionales para preparar los alimentos y llevarselos consigo para consumirlos fuera de casa.

Bibliografía:

CASTAÑEDA, J. (1991): “Lecciones de teoría económica”. Fundación Fondo para la Investigación Económica y Social. Madrid.

CUADRADO, J.R. (1994): “Los españoles como consumidores de bienes, de servicios y de tiempo” Revista de Occidente, noviembre.

MARTÍN, V. J. (2004): “Alimentación, economía y ocio”. Serie Estudios. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

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