El mundo digital está evolucionando de manera trepidante. Asistimos al boom de las nuevas tecnologías. Los consumidores se dividen entre los nativos digitales y los inmigrantes digitales. Los fabricantes de bienes y servicios tienen que adaptarse a un nuevo modelo de comunicación.

Recuerdo que hace sólo unos años, allá por el 2004, el porcentaje de personas que habían comprado algún producto de alimentación a través de internet nos encontrábamos con apenas un 2%. Hoy, al hacer la misma pregunta, el porcentaje casi llega al 8%. Es decir 4 veces más.

Las redes sociales, tan de moda actualmente, eran algo inimaginable. Hoy la tecnología está presente en nuestro día  a día y el mundo agroalimentario no puede permanecer ajeno. 

Desde luego, el consumidor ya no adquiere la información sobre los productos de la misma forma que antes. El marketing se puede dividir entre el “above the line” (mass media) y el “below the line” (medios no convencionales). El “below the line” es tipo de marketing que se está desarrollando más.

Los medios convencionales sufren una crisis. La publicidad en televisión ha cambiado porque la televisión pública ya no emite publicidad y por la llegada de la TDT que ha segmentado las audiencias. La prensa escrita no vive su mejor momento.

En cambio, está el auge del “below the line”. Los medios no convencionales como internet, los cupones y folletos, las relaciones públicas o las redes sociales.

El consumidor digital participa a través de foros, plataformas, blog, chats, etc. y se pone al lado del anunciante. Interactúa. Lanza mensajes. Prescribe, recomienda, valora y critica productos, marcas, enseñas.Consumidores anónimos emiten opiniones, valoraciones subjetivas que influyen y condicionan el comportamiento de otros consumidores.

Se produce una paradoja. Nos fiamos más de lo que leemos en un foro o en una página web que de lo que nos comentan personas de nuestro entorno. 

Las personas que conocemos físicamente o de las que tenemos referencias las tenemos catalogadas de una manera consciente o inconsciente y “filtramos” la información que nos cuentan. Su opinión no es neutra.

Sin embargo, cuando leemos una opinión o valoración de alguien desconocido, no tenemos elementos para “filtrar” y la valoración viene menos cargada de prejuicios. Esto supone un cambio tremendo en la sociedad y en la manera de relacionarnos. Los prescriptores ahora son rostros anónimos que están detrás del teclado de un ordenador.

La influencia de la Comunidad virtual, de esas personas anónimas que están conectadas por un hilo invisible, es clave y lo será aún más en los próximos años. Por ello, el sector agroalimentario tiene que dar el paso y comenzar a pensar con una nueva estrategia . Esta adaptación digital ya la hicieron otros sectores como el del ocio (páginas de hoteles, vacaciones, vuelos, espectáculos, restaurantes…).

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