El desperdicio de alimentos se está convirtiendo en un tema relevante en la agenda de los medios de comunicación, de las instituciones y, poco a poco, va ganando relevancia. Auguro que este asunto se convertirá en un tema de actualidad en los próximos años.

Recientemente, a principios de 2013, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España ha presentado la estrategia «Más alimento, Menos desperdicio»http://www.magrama.gob.es/imagenes/es/estrategia_1abr_tcm7-269623.pdf  

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El documento empieza así «Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, para el año 2050 la producción mundial de alimentos deberá incrementarse en un 70 por ciento para abastecer el aumento previsto de la población de 7.000 a 9.000 millones de habitantes.
No obstante, se estima que cada año se desaprovechan más de 1.300 millones de toneladas de alimentos, es decir un tercio de la producción mundial, de los que 89 millones de toneladas de comida en buen estado se despilfarran cada año en la Unión Europea y 8 millones en España».

La estrategia añade «Las cifras que se estiman en el estudio realizado por la Comisión Europea, indican que, aproximadamente, el 42% de las pérdidas y el desperdicio de alimentos en Europa proceden de los hogares, en su mayoría 60% evitables mediante cambios de hábitos de consumo, compra y gestión de los alimentos; el 39% corresponde a las empresas de la producción, aunque se tratan mayoritariamente de pérdidas y desperdicios inevitables; por último, el 14% corresponde a la restauración y el 5% a la distribución.»

Son cifras y cantidades que hablan por sí mismas y que no dejan indiferente a nadie.

Esta situación está siendo analizada desde distintos puntos de vista con un único objetivo: aprovechar mejor los alimentos.

Para conseguir el objetivo de la FAO (objetivo del milenio) se puede incrementar la superficie destinada a la producción agraria o bien buscar más eficiencia en los sistemas de producción y de comercialización para que lleguen más alimentos a los ciudadanos.

Si todos trabajan para conseguir este objetivo, las consecuencias serán enormemente positivas desde muchos puntos de vista: éticos, medioambientales, económicos, etc.

Actualmente, se está debatiendo entre los expertos qué se considera desperdicio y pérdidas. No es fácil llegar a definiciones aceptadas por todos. Además, tanto las pérdidas como el desperdicio, pueden clasificarse en inevitables, evitables y potencialmente evitables.

La estrategia «Más alimento, Menos desperdicio» hace una aproximación a las definiciones de pérdidas y desperdicio:
«Las pérdidas son causadas esencialmente por un funcionamiento ineficiente de las cadenas de suministro, y se deben por ejemplo a insuficiencias en infraestructuras y logística, a la carencia de tecnología, a la falta de destrezas, conocimiento y capacidades de gestión de los agentes que intervienen en la cadena trófica, o a las restricciones operativas que pueden derivarse de la normativa legal.
El desperdicio de alimentos esta relacionado esencialmente con malos hábitos de compra y consumo, así como por una inadecuada gestión y manipulación de los alimentos en todos las etapas de la cadena de suministro. El desperdicio de alimentos normalmente se puede evitar.»

No cabe duda de que queda un largo camino de trabajo colaborativo para avanzar y llegar a ese loable objetivo. Mientras tanto se deben potenciar las campañas de concienciación a los consumidores, eso sí, serias y rigurosas y alejadas de la demagogia.

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